Pedro Cifuentes, en incontables ambientes y soledades conocido como "peyuco", comprendió aquella noche que sus pueriles litigios con la pubertad empezaban a sentenciar su trama final. Entonces, su cuerpo minúsculo prolongaba aquellos dominios arteriales, fragantes y libidenscos hacia unas soberanías impuntuales. Sabía, casi sin sentirlo, que sus pies, ahora anchos, cuadrados, duros, venosos, habían abandonado el impostergable proceso litúrgico y habían iniciado, en paralelo a su cuerpo ancho, cuadrado, duro y venoso su arribo a un mundo desconocido, un mundo de esencias fragmentarias donde aquellas patologías de la memoria empezaban a transformarse poblando manifestaciones informes, es decir, vacías sin dejar lo absoluto, finalmente terminadas, algo corruptas, si. Peyuco iniciaba una aventura que duraría 20 pretenciosos años; iniciaba en aquel momento un proceso, una intensa negociación que acabaría en sus tardíos años de vejez.
martes, 13 de noviembre de 2007
La saga de Peyuco (I)
Pedro Cifuentes, en incontables ambientes y soledades conocido como "peyuco", comprendió aquella noche que sus pueriles litigios con la pubertad empezaban a sentenciar su trama final. Entonces, su cuerpo minúsculo prolongaba aquellos dominios arteriales, fragantes y libidenscos hacia unas soberanías impuntuales. Sabía, casi sin sentirlo, que sus pies, ahora anchos, cuadrados, duros, venosos, habían abandonado el impostergable proceso litúrgico y habían iniciado, en paralelo a su cuerpo ancho, cuadrado, duro y venoso su arribo a un mundo desconocido, un mundo de esencias fragmentarias donde aquellas patologías de la memoria empezaban a transformarse poblando manifestaciones informes, es decir, vacías sin dejar lo absoluto, finalmente terminadas, algo corruptas, si. Peyuco iniciaba una aventura que duraría 20 pretenciosos años; iniciaba en aquel momento un proceso, una intensa negociación que acabaría en sus tardíos años de vejez.
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