miércoles, 6 de junio de 2007

Mutilatus preventus


Lo que viene tiene que ver con algo sólido, algo que además de sólido es singular y único: lo siguiente se trata de una duración, una permanencia.

El hombre había durado en esa provocación perversa sin sentirse, fatalmente, vencido.

Por haber durado había, además, comprendido su condición de funesto, el hombre se había comprendido duro y fiel a la provocación, a la inmutable provocación de seguir estacionado ahí sin ánimos de mutar a una aún más perversa tranquilidad, una relajada forma de quedarse, como dirían, forzando las palabras, aquellos petulantes, in situ.

El hecho de quedarse in situ implicaba que las cabezas de quienes poco le comprendían se irritarán más de lo que estaban instigándose a detonar y manchar la serenidad de psicopatías inicuas, infames y crueles.

El hombre había permanecido en esa provocación malsana. Una provocación que poco tiene que ver con el beneplácito de quienes se piensan en el aparato definitivo de la misericordia. Si esa provocación era malsana era justamente porque la enfermedad a la que daba contenido adquiere manifiestos hechos, relaciones y sensaciones que van más allá del simple mirar, no del simple ver sino del simple manosear y hurgar unos fuegos tan internos que son dominios ya de holocaustos y llamas…y así

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